Tras la catastrófica riada de 1957, Valencia tomó una decisión audaz: en lugar de restaurar el río a su paso por la ciudad, desvió su cauce y transformó el antiguo lecho en un corredor ajardinado de 9 kilómetros, hoy considerado uno de los parques urbanos más grandes de Europa.
Actualmente es un espacio para correr, montar en bicicleta, hacer picnic, asistir a conciertos, festivales o simplemente desconectar.
El Puente de las Flores es uno de sus puntos más emblemáticos, decorado con miles de plantas y flores que cambian según la temporada, creando un espectáculo vivo y colorido.
El parque es ideal para recorrer en bicicleta gracias a sus carriles dedicados, desniveles suaves y numerosas zonas de descanso. Una buena recomendación es hacer una pequeña pausa en alguna de las áreas temáticas de jardines, como las de rosas o plantas aromáticas.


